Hola mamá tú sabes que estoy muerto? Por eso no puedo cogerte el teléfono. Deja de insistir, que tengo astillas de madera dentro de las uñas, que mis babas han podrido los encajes del ataúd. Hiciste demasiado fuerte la lazada de los zapatos al amortajarme; ahora me duelen los pies cuando intento romper la tapa a cabezazos. Qué mal saben los gusanos, la soledad y el silencio. Lo mejor de estar aquí metido es que no cabe nadie más. Así que mamá deja de llamarme, que hace mucho tiempo que tus voces dejaron de resonar pasillo hacia delante. Ya no tienes poder de convocatoria; acepta la paga de la seguridad social y quema todas las líneas telefónicas de una vez por todas.
domingo, 11 de mayo de 2014
lunes, 18 de noviembre de 2013
cada tres segundos
mueren niños por desnutrición en el Cuerno de África
nacen niñitos con lacitos en la Gran Manzana
se caen tres fotos de las paredes
el fiso pega cuatro paredes en las fotos
mueren los recuerdos de los peces
y luego mueren ellos
(implosionan por sobrenutrición)
viernes, 29 de marzo de 2013
Eternidad con fecha de caducidad
Me gustan los idiomas olvidados, aquéllos que saben y huelen a erasmus loco, a eternidad joven, a dejadme que pierda el tiempo que a mí de eso me sobra. Me dan mucha envidia los que hablan idiomas raros. Ellos te dicen: Yo hablo noruego, y tú ya sabes que está enamorado de un vikingo de nieve.
Quiero hablar todos los idiomas raros del mundo, pero para eso necesito tiempo. Tiempo que por ahora tengo, por lo que ni valoro ni aprovecho. Ahora que soy eterno puedo no hacer nada, puedo dormir hasta las tantas todos los fines de semana, puedo quedarme sin neuronas hasta el domingo por la mañana. Y puedo proyectar, proyectos infinitos como mi tiempo con fecha de caducidad.
Proyecto. Proyecto un vikingo de nieve (Ulrike, you know). Y una buhardilla parisiense en cualquier ciudad que no sea París. Proyecto huir de aquí, de las ciudades incoherentes, sin cohesión estética. Proyecto una calle modernista, un Callejón del Gato a la izquierda, un amigo artista a la derecha. Una catedral renacentista de planos góticos. Ahá, proyecto rutas salvajes.
Proyecto, proyecto y proyecto. Soy eterno y proyecto pero siempre proyectando y nunca cumpliendo. Esta Semana Santa debía escribir veinte mierdas tan largas como estas vacaciones. Y debía leer ab nauseam. Dije: voy a leerme a Proust en un fin de semana. Pero lo cierto es que no hay quien encuentre el tiempo perdido.
A veces me da miedo que cuando empiece a palpar el horizonte temporal, cuando deje de ser inmortal, piense que ya es demasiado tarde para emprender lo proyectado, para cumplir las promesas, y me limite, entonces, a recordar lo que pude proyectar o lo que proyecté y no cumplí.
A veces me da miedo, mucho, empezar a morirme. En cinco años dejaré de ser viento, dejaré de volar, me condensaré, la niebla empezará a bajar y yo tendré que buscar un cubo de basura bien visto del que conseguir sobras para no morir prematuramente.
Pero el miedo sólo me viene a veces. A la postre queda mucho, ¡ni siquiera sé ruso!
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